miércoles, 14 de abril de 2010

eL PeRRo AnDaLuZ

Una nube delgada se desliza ante la luna sobre un cielo nocturno, y tras una superoposición de imágenes vemos el ojo de una mujer a punto de ser rasgado con una cuchilla de afeitar. Esta primera secuencia de la película escrita conjuntamente por Luís Buñuel y Salvador Dalí constituye una de las escenas más famosas e impresionantes de la historia del cine. En 1928 Buñuel se dirigió a Dalí con la propuesta de rodar una película. El pintor estaba entusiasmado con el proyecto de su amigo pero no con el guión, de manera que escribió otro. Buñuel reconoció que las propuestas de Dalí eran mejores y se encontraron en Figueres para redactar conjuntamente una versión definitiva. La regla que subyace en la película era muy simple: las imágenes y las secuencias no debían obedecer a ninguna lógica; tan solo estaba permitido lo irracional, lo sorprendente. Se desconoce hasta que punto Dalí, que hace una breve aparición en l película como monje, estuvo implicado en el rodaje del film, que tuvo lugar en París durante dos semanas. En junio de 1929 se realizo una primera proyección privada de la película que llevaba el por titulo “El perro andaluz”, ala que asistieron entre otros el arquitecto Le Corbuiser, Pablo Picasso y el propulsor del surrealismo André Bretón. Este reconoció inmediatamente el talento de Dalí y Buñuel y califico la obra como la primera película surrealista. Numerosas reseñas elogiaban el filme señalando que constituía un hito en la historia del cine y se trataba de una obra maestra del surrealismo.
La relevancia de la obra de Dalí y Buñuel en la historia del cine se explica por el hecho de que por primera vez se había aplicado a este medio el principio fundamental del “primer manifiesto surrealista”, escrito por Bretón: la libre asociación de motivos visuales y lingüísticos. Desde la primera toma el espectador entra en estado de shock del que no se liberará ni un momento: miedo, dolor humano y putrefacción se mezclan con comicidad macabra en una serie de escenas cotidianas. La técnica de montaje y el entrelazamiento de motivos recuerdan a la técnica de la escritura automática de los surrealistas, con la que se pretendía hacer aflorar pensamientos inconscientes e irracionales. Dichas técnicas son consideradas hasta hoy la piedra del toque de la estética cinematográfica del siglo XX. La estructura narrativa, que transforma lo aparentemente dotado de significado en absurdo y al mismo tiempo desvela en lo absurdo en sentido mas profundo, pretendía ser un reto surrealista a la fantasía del público. Y en este sentido cabe destacar que obtuvo la respuesta esperado.
El ojo cortado en realidad pertenecia a una ternera. Tanto Buñuel como Dalí reclaman para sí la idea de la famosa escena, y es casi imposible averiguar su verdadero
autor. Por el contrario, la mano que se convierte en hormigueo si se puede atribuir al genio imaginativo de Dalí: las hormigas constituyen un leimotiv en su obra y son un elemento esencial de su estética de lo putrefacto

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